22.12.09

EL ARREBATO (ENSAYO) TÍTULO (déjense llevar)

NO te asegurara nad a
rrebato,
co
mo
los la-bios en los crisoles del campo,
como la estela de polvo de tiza sobre la mesa azul,
como una hoja de arbusto radiactivo con el autorretrato de van gogh suicidado
como el árbol de tronco rojo, grueso, y liso como un poste de platino,

Europa se rinde en el agua del Rin,
y se hunde, en los cadáveres de los conquistadores
mientras un yo se pone botas de fibra de dentritas
y recita a Machado entre los perros,
y ladra a Machado, con las manos en los bolsillos de los dos transeúntes,
mientras unas gafas de abuela giran un cuerpo horrendo para cegarme con el reflejo de una luna mil veces más grande que el sol, y cuya poesía se me atora en el gaznate,
como en un vomitar de piedras talladas y gasolina.

No te aseguraría nada
rrre pinche bato,
por el camino que conduce a la verdad asediado de astros con zapatos de punta de pistola,
astros menores de burbuja,
que se hunde en el Rín Europa
mientras un yo catalogado entre los records de sordos
se expone a la mañana con el terror que se tiene a los niños,
vomitándose la cabeza.

¿Por qué par?
Todo está dentro y claro: uno
u no puede amur
ciél ago lo que se pide,
sin plantearse un yo las consecuencias
o las sin secuencias cuando amo que te pruebes las chupas,
expulsándo sacándote de dentro como una masa de petróleo o de lava que se petrifica la melena que se quedaba apretada entre el dorso de la chaqueta y tu cuerpo cubierto de camiseta de algodón suavecita con la que tanto me gusta tocarte las tetas y como como una ballena que no cabe en el barco de cuero sacas la melena que llama a la puerta de tu espalda a la altura del corazón con miedo y tú quedas tan guapa, con el cuero que te cierras cremallera rápido rás, y me miras y me dice tu cara está cara y yo pienso lo que está caro es tu gesto, preciosa: es lo que andaba buscando y me lo llevo: en el amor la moneda es el valor de robar gestos, y yo tengo tanto valor para eso.

¿Por qué par?
Este no es un jodido poema de amor.
Es un sueño.
¡Un sueño! ¡Estás soñando!

No hay héroes.

O bueno. Hay un yo que no quiere ser un yo, o egoísta…
¿Se puede ser un yo y no ser egoísta? Y, en caso afirmativo,
¿se puede pertenecer al sexo masculino?

La respuesta se hunde en el Rin, en el Sena. Y el Manzanares se hunde en la respuesta que se hunde en el Rin, en el Sena, en el Támesis, acaso.

En el campo reconocer a un amigo por cómo silvaba el viento,
como cuando nieva en Madrid,
y las caras se parecen a la de mi cara novia cuando se prueba una chupa cara de cuero de karibú en la península de Kara.
Mmmnffffffff mmmmnnnnffffffffffff gggggggggggggggggttttttttttttttt
No hay manera. Vomito, y pongo voz en mito, piedras de pedernal con gasolina.
Ni eso.
Ahora todo regresó al universo de mi estómago.
de un estómago enorme, cuyas galaxias no saben nada de su existencia gástrica existencia,
exis tir,
así como uno o dos bolígrafos en los que depositas más o menos la misma confianza,
de diferente color,
opacos,
cuyas reservas te son desconocidas como la fecha de tu muerte no sabes dónde,
en el lugar del lavabo donde un día estuvo Europa, quizás,
en la parte del lavabo que delimita un pelo largo de mi compañera (que es un yo),
en esa parte del lavabo de obsidiana,
negro,
y con un autorretrato de Van Gogh presidiendo,
y mirando el sumidero,
triste y muchO más negrO mirándOlO cOmO si fuera
lO únicO que hubiera para la cena
mirándolo delgado tras su rostro de luciérnaga como quien trata de imaginar
singularidad de las morsas y los morSOS cáspita después de los siglos.
Y en el centro de la figura que traza el pelo, ¡Tebas! resumida en una pastilla de jabón de pedernal.
Un resumen de Tebas y una lente de contacto caída de diamante en la frontera
como haciendo equilibrio con el pelo,
como el verso que camina Virgilio solitario en la noche oscura
y manchas de cal París infinito Rue de la tombe en el centro
la huella que dejó Jesucristo antes del transplante de corazón metálico abandono de la cruz de cera en el friso del Partenón
y los pescados en el terreno, pisados por los bloques de Alfión,
moribundos como la primera nube que ya no trae lluvia
o apenas sombra para acariciarte la hora en el urnal momento.
Podrás o no podrás, morir de esta manera? Con la flauta moviendo tu cuerpo y secándote los ojos finales como medusas del Mediterráneo.
Con las perlas de sus bocas reunidas en el vaso cuya solidez depende de la congelación del ansia,
de todas las ansias,
y el atardecer más caro olvidado de los suicidas traído de nuevo para que expires entre el cielo y la nada,
y tu corazón intacto como la décima sinfonía de Ludwig van en Orbius Tertius.
A mí se me hace imperfecto,
pero insuperable.


MNNNNNNNNNKFffffffffffffffffffffFFFFFFFFFFF erre
arre
batoestoyacabando
con lo poco queque daba de mermeladaenelpozodelalma
dementeladamantelmenta enelpoz
O
delal delal delal delal

ma
rtes
ti
culo. Forma. Placer.
El credo de los honestos y no sé /as. Follar con dignidad estética. Con la eternidad exigible. Con el ojo puesto con cariño en la unión entre un beso y el mañana infinito sobre un cojín hecho con las plumas de Ovidio, Dante, Shakespeare, Petrarca.
No conformarse con menos,
dado que se es rico aunque no se sepa.
El amor es la dignidad de los pobres
y deberíamos pasarnos la vida robando el momento de las cosas,
robando las cosas observándolas, oliéndolas, tocándolas,
escuchando el eterno silencio que transpira de la ausencia del nombre,
estableciendo una co-mu-ni-ca-ción con el Spleen de París manchado de vino hace más de dos mil años.

11.12.09

¡Hola cybermundo! Como algunos ya sabéis, resucitó la Sesión de cuentos en este extraño lugar del universo.
Ya llevamos tres sesiones. La última con el tema "Mensaje en una botella". Esta es mi aportación: prosa para tiempos prosáicos. Iré colgando las demás.
Os animo a participar, por cierto, en las próximas. La primera del año 2010 tiene como tema "La ruleta rusa". Así que ya sabéis: a disparar!


MENSAJES EN UNA BOTELLA LLAMADA CABEZA

Primero, estaba esa historia cursi de un romanticismo mal entendido en la que una idiota se enamora de un chico pero por una razón o por otra se casa con otro sin declararse nunca al objeto de su verdadero amor. Arrepentida de su autotraición, escribe a escondidas de su marido un mensaje al otro en el que confiesa su amor, lo mete en una botella y la arroja al mar. Al día siguiente un chaval de 15 años bastante subnormal encuentra la botella, lee el mensaje descubriendo debajo de la incansable concatenación de cursiladas, la siguiente pregunta “¿Por ciertito, mi amor perdido, tu email sigue siendo capullito@mail.com?”. (Sí, por eso la chica es una idiota, ¿a quién se le ocurre escribir un mensaje en una botella con una pregunta directa y encima hablando de e-mails?). El caso es que el chaval de 15 años, acto seguido, escribe un e-mail al enamorado de la idiota (su nuevo i-phone le permite dar rienda suelta a esta vehemente decisión) y se lo cuenta todo haciéndose pasar por la chica. Y ahí termina la primera historia porque en este punto su cursilería empezó a darle náuseas al escritor. Se aceptan soluciones a una historia plagada de reiteraciones intertextuales.

Otro día, el escritor medio soñó con otra historia. Un hombre que tallaba en una botella “Te quiero”, con un diamante. Pero cuando despertaron, tanto el escritor como el protagonista ya se habían olvidado de los pormenores.

Otro día, en plena vigilia, se le ocurrió al escritor una historia melodramática sobre un gay. El gay trabaja en una planta embotelladora de champán. Su tendencia sexual le tiene martirizado porque su familia, muy conservadora, no sabe nada. Sus hermanos sospechan pero no tienen confianza con él. El chico gay está ya harto de la situación, así que decide decírselo todo a su familia durante la noche buena, y decide hacerlo de una forma especial. En la planta embotelladora de champán, mete una nota dentro de una de las botellas. La botella pasa por el proceso de llenado y precintado, y el chico gay la lleva a la cena con el mensaje dentro. Llega la cena y al final se abre la botella. Llenan los vasos pero el papelito con el mensaje se queda pegado en un borde y nadie repara en él. El chico gay se siente acobardado. El momento de la celebración pasa. Los ánimos ya están enfriados. Todos se van a la cama.
Años después, la madre del chico gay está a punto de morir. En el lecho de muerte le dice a su madre: “Mamá. ¿Recuerdas las navidades de hace 7 años? ¿Recuerdas una botella de champán que llevé de la fábrica?” La mamá asiente. “Sí hijo, la recuerdo”. “Bueno, dice el hijo, pues yo había metido dentro de la botella un mensaje pero se quedó pegado por dentro y me dio vergüenza sacarlo después”. “¿Y qué decía el mensaje, hijo?” El chico gay se queda bloqueado y al fin dice: “Que te quiero, mamá. Ponía «te quiero». Era para ti”. La madre entonces llora y el hijo llora y todo el mundo a quien le apetezca llora. También se admiten variaciones menos nauseabundas a esta historia.

Otro día el escritor pensó en hacerle un homenaje al hijo de su hermano, que iba a nacer pronto. Meterlo en la botella y darle la botella a su hermano para que el niño cuando fuera grande tuviera una prueba del gran amor de su tío, que vivía muy apartado de él. No lo hizo, por la misma razón que nunca se hace nada para los amados, precisamente porque la escritura es primitiva y estúpida y no se la merece nadie.

Otro día el escritor pensó en un relato titulado “EL TRICICLO-KOALA”, una historia surrealista sobre un triciclo que cuando quería se tranformaba en Koala. Un día le quiso gastar una broma a Dios, presentándose en virtud de sus tres ruedas como el vehículo oficial de la Santísima Trinidad, y justo cuando Dios iba a bostezar, se transformó en Koala, y Dios se enfadó muchísimo porque lo que más odia es que le corten un bostezo, y la impresión de ver al triciclo transformado en Koala se lo cortó. A continuación, el triciclo–koala cae en una espiral llena de ventanas. Por las ventanas se puede ver a toda la gente del mundo que alguna vez odió un regalo que le dieron y sin embargo fingió que la sopa estaba lista. Entre estas personas, hay una roquita solitaria en un desierto en el que cae un roquita cada segundo. Cada segundo es una gota de agua en torno a la cual se sientan las ranas, con sus plumas, en engranajes derretidos. Todo se derrite. Incluso la solidez se derrite. Todo cae por el embudo en la botella. El niño la mira al trasluz. Aparentemente hay agua, pero el niño sigue imaginando más y más historias.

Por último, pensó en internet como océanos compuestos de botellas con mensajes, en los que era casi imposible encontrar una gota de agua que alguien había inyectado alguna vez con una jeringuilla en su modem.