20.6.08

MOTIVOS PARA SEGUIR SUFRIENDO

I
CAUSAS


Porque ya has mudado los labios que yo besaba para seguir regando en el curso de los ríos tu sonrisa de novia huyente
Porque es probable que ya no existan todos los demás labios que besé tampoco, todos los labios que besé tan poco:
exactamente nunca
Porque esa piel se la llevó el viento a la memoria
Porque esa piel la quemaron los besos del olvido,
el olvido de los besos donde lavo mis pies de barro,
donde lavo mi carne viva de barro y no queda
exactamente nada
Porque aún deseo besar la nada de tus labios o no-labios con mi nada de nada en ese ayer futuro de nunca en que los labios de tu coño de barro se me hagan más eternos que loss de tu boca, que ésos de tu boca o de su boca que ya no nunca ni nada tampoco
...tan poco ya.
(Y silencio) Shhhhhhhhhhhh (Silencio)



II
PRIMER MOTOR

Nunca vi el interior de tu vagina y ahora
que se me hace difícil prescindir de tu materia
en el imperio de la forma,
y ahora en el imperio de las guerras que se barruntan en el metro arriba abajo vertical ciudad y escaleras a babor -a estribor unas tetas ingrávidas como dobles plutones y calor de un verano que escupe al otoño de los cuerpos que para reciclar donaron todos sus poemas de joven,
ahora, tu coño que nunca vi por dentro
es lo que más deseo:
tu caverna oscura, húmeda y profunda donde alcanzaba el placer máximo con mi ojo
ciego y extensible
explorando como nunca aquel umbral,
aquel umbral de insolada penumbra
donde habitaba el grito incansable y cerraba los párpados
en esos instantes del hogar del silencio y sabor a ayer futuro,
de gotas de sudor floreciendo en nuestras pieles
nuestras pieles tan “solamente de ese momento” y existentes como el rotundo peso sobre el quejido de los muelles y el vaso que sinfónicamente se caía de la mesa,
y el cuadro de la pared con Napoleón tan quieto torcido en la estepa como esperando un plato de sopa,
y la luz que se ocupaba de que el verano fuese patente a través de los ojos de la persiana observándonos con esa lascivia tranquila de la hora de las siestas cuando hace cuarenta grados y las trayectorias de las moscas describen símbolos de hastío en idiomas inmediatos y sólo tú y yo somos vida como si todo lo que ocurre poco después en la noche fuera consecuencia pura de nuestro primer motor en el amor de la tarde, como si todo lo que se moviera; los gatos, las nubes, los coches, incluso el metro que tarda, las tetas de la corredora, las escaleras mecánicas, las moscas de constantes palimpsestos, las hogueras, el mar, fuera tan solo una réplica de habernos amado tanto, tan dentro el uno del otro en esa tarde muerta si no fuera porque cuando te tumbaste a mi lado quise olerte y pensar que tu pelo cayendo casi acariciando tu hombro esférico era el más hermoso del mundo, que aquello era sencillo, que era lo bello, la idea extática, la buena nueva que provenía de tu cuerpo declarada como un perfume radiado; ¡cómo sentía en el placer de tu tacto el hermanamiento de todos los hombres!; el perdón y la esperanza; no podía haber nada malo en el mundo si podía existir el amor tal y como era -todo ser- en ese momento;
mi miembro un ojo ciego, extensible, buscando -con todo mi ser en ti-, la visión:
mi esperma hecho de todos los ojos que en el instante, tras el incomputable “haber conocido”, corrían desde la fuente deífica como el primer río:
y entonces ya existiría siempre la muerte,
el pesar de ver el movimiento de ese hilo blanco de esperma corriendo entre tus labios oscuros, rodeando el ano sofocado que parecía querer respirar, encontrando su valle en tus nalgas hasta llegar a la sábana a morir como en el centro del océano.
Precisamente por ese torrente,
existiría siempre la muerte
Esas tardes hacíamos -como nunca nadie hizo (de hacer) como si antes nunca hubiera existido- el Amor;
Esas tardes hacíamos el Amor y la inconsciencia no implicaba aún tener que emerger a un hogar de sufrimiento y vivía porque era joven los poemas y el nirvana existía y era una religión de liturgias constantes en las que el tedio era todo lo que no era sagrado y no al revés

como ahora;

y acariciar el verano con la punta de los dedos del alma que eran de veras el rosario de la aurora:
aquél lugar en que quedarse a vivir para siempre, ¿recuerdas?
escribía poemas de los que ahora me avergüenzo porque prescindía de adjetivos y era lo más absoluto acaso lo único que existía; era dios verte cada día y cada momento una eternidad de estar amándote con la única rotundidad posible. Y no era triste.
Ahora trato de no medir la pasión aunque eso jamás la haga comparable a ese tiempo en que nos llamábamos dios tocándonos las caras y llorábamos, acaso porque intuíamos que no siempre estaríamos así, tumbados uno frente a otro en una tarde muerta de un agosto sofocante en la que los dos resucitamos al mundo de la muerte

Y por eso desde entonces deseo de nuevo tu coño
aun sabiendo que nada ya nunca tampoco,
pero acaso no triste y siempre
más eterno que tu boca



III

He podido entre
ver

que esto

es violarte contigo,
llave naranja
para dejar de sufrir
única
mente, Belleza.
Dejar de sufrir
ahora que miro como el universo
singularmente

3.6.08

UNO

Decidí escribir acerca de un día cualquier día en el que pasó algo, como en todo el resto de los días en los que siempre pasa algo, y no lo hice
porque estuve cansado y sin fe y me derribé al fin de esa pequeña vida que puede ser cualquier día que pase

veinticuatro horas y el sol una vez más
y no es hastío eso lo ponemos los hombres el sol se levanta pasivo y está en nuestra mano siempre lo está
decir
hoy es un día
de mi vida
sea lo que sea eso
da igual qué signifique el hecho
es que armados de nuestra consciencia nos resulta duro pensar
qué es el amor hoy en día
a qué nos enfrentamos
qué pasa si resulta al final que eso es una llave que es el único vestigio que nos dejó ALGO absoluto

Estuve algo más de una hora con Isabel en la cafetería de la facultad hablando del amor

En la oficina se nos hizo a Francisco y a mí común hablar de los astros

Salí a fumar un cigarro y miré al cielo,
y me sentí pequeño en el universo y la historia
y grande porque no salía a colación nada superfluo

Me sentí mal poeta y buen poeta, filósofo de cartón

Sentí a la filosofía cartón y ganas de guarecerme en mi verdad,

y desgranarla poco a poco con paciencia de abuela,

y sentí mi verdad,

y supe que al menos existía y casi lloré porque supe que requeriría todo el tiempo que nunca tendría,

y de nuevo el amor, la capacidad de amor y la consciencia de que nunca amé a una persona sino al concepto,

y sentirme distinto a yo mismo el yo mismo que opera en lo más profundo de mi ser y yo sabiéndolo pero sin ser capaz de por una vez parar esta máquina macabra de latidos sin pausa

querer morir para disponer de un momento a mi antojo,

mandarlo todo a un puro estado de consciencia eterno en el que por fin tener tiempo de comprender lo que sé que llevo conmigo. Mirar a la cara una verdad, el profundo significado de aquello que un día se nos impuso denominar amor;

lo más complejo y lo más simple,

como cada uno de los días de nuestras vidas

y es de noche que es el tiempo camuflado

y no quiero que exista el mañana que es el puro concepto de la angustia

Sentir que no pasa el tiempo y al fin pararse a pensar,

pararse: pues somos hombres y TODO es comprender qué pasaría si ocurriera no serlo


UNO


Siento que el futuro me corta las alas, o al menos que el futuro son unas botas que guardaba en el armario desde hace muchos años porque cuando me las regalaron anduve un poco con ellas y me hacían daño; y me las he puesto ahora; las más viejas botas más nuevas que cualquiera de mis agujereadas y amigas viejas botas que se adaptaron a la perfección desde el primer momento. Ahora me he vuelto a poner las viejas botas nuevas y me siguen haciendo daño; son como el futuro, porque son una elección. Decido ponerme las viejas nuevas botas que me hacen daño porque las demás están agujereadas y me mojo los pies si llueve, claro; si llueve, pues me mojo… entonces con las botas con agujeros, pues... no sé. Decido entonces ponerme las viejas nuevas botas y me hacen daño, me hacen herida. Y uso las viejas nuevas tiritas que tenía en el armario desde que todavía había amor. Y uso las tiritas del amor para curarme las heridas del futuro. Y salgo a la calle y la gente me dice, “¡vaya! ¡qué bonitas nuevas botas!”, y yo les digo que no, que la edad de las botas está en mi cara, y que su belleza está en mi angustia. Y yo pienso “pobres hombres”. Me puse la primera vez mis viejas nuevas botas cuando me las regalaron, cuando tenía sólo setecientos años, siendo casi adolescente. La siguiente vez fue cuando lo del amor que ya no estaba y el futuro amargo y las heridas. Cuando llego a mi casa me quito las viejas nuevas botas y las tiro contra la pared y con suerte rompo algún espejo o mato una polilla. Hoy no me he mojado los pies cuando llovía; esperé en un soportal un taxi y entonces sonaron los truenos. Aún así, con mis botas nuevas pensé que la lluvia era bonita, porque lo cubre todo de espejos, y se ven las nubes allá arriba… quiero decir… allá abajo. Abajo, donde el agua antes me mojaba porque tenía botas con agujeros y parecía que las nubes me estuvieran besando los pies. Se hace todo espejos, y hay truenos, relámpagos y cae cada vez más y más agua y aún una ciudad como Madrid puede parecer pequeña. Cae agua y agua, y yo estaba en este momento pensando en el agua, que en la Tierra hay mucho agua… y en el cuerpo, mucho agua. No recordaré las proporciones, porque confusa es la vida del hombre desde que los ríos llegando allá al mar… en el mar puede sentirse uno y otro, según, más o menos pequeño, pero siempre pequeño, porque caben muchas ciudades en el mar, pero no se pueden hacer. Aún hay cosas que no se pueden hacer, que se está tan lejos de poder hacer que entonces tampoco se quieren. Yo estaba en el soportal. Con las tiritas de cuando el amor y la angustia sin querer mojarme, esperando un taxi para llegar a casa cuanto antes. A veces miraba los charcos que eran como espejos, pero no me fijaba en las nubes. Más bien me fijaba en el charco, y alguna colilla desmenuzada y papeles empapados como los bizcochos borrachos que gustaban tanto a mi padre y a mi madre, mi madre que me regaló las viejas nuevas botas sin agujeros con toda la buena intención porque ella quiere que mi futuro sea bueno, claro, como todas las madres quiere que sea bueno y que mi futuro no sea menos bueno que yo. Miraba los charcos con los papeles borrachos y lo que estaba escrito, la tinta, se había difuminado y estaba todo borroso, y era imposible saber qué ponía en ese papel entre las nubes de abajo. Y había una chica, una chica guapa, o que al menos parecía guapa porque saltaba en un charco y parecía estar viviendo un momento de total felicidad. La chica estaba empapada entre el cielo de arriba y el cielo de abajo, entre el agua de arriba y el agua de abajo. Tenía cara de ángel. Toda su cara eran ángeles. Y bailaba a lo loco saltando arriba y abajo y mirando arriba y abajo como si sonara un tambor, como su corazón de tambor saltaba y yo la miraba desde el soportal, con mi cara de esquina y mis viejas nuevas botas sin agujeros, condenado a estar a salvo de la lluvia que caía ese día en Madrid como nunca. Siempre se dice “como nunca” cuando pasa algo de lo que no nos acordamos. En realidad seguro que otros días ha llovido de esa manera, y había alguien como yo sin agujeros en unas botas pensando que una chica como esa chica debía de ser bonita sólo porque estaba empapada saltando en un charco. Supongo que somos así. Manejamos el tiempo que nos conviene; nos acordamos si nos conviene, planificamos si nos conviene. Somos totalmente libres. Yo soy totalmente libre aunque ahora me gustaría quitarme las viejas nuevas botas matando bichos e ir a saltar arriba y abajo con la chica bonita en el espejo y ser un ángel unido con el cielo de arriba y el cielo de abajo. Pero la angustia me ata y además tiritas sin amor y llega un taxi justo cuando la chica bonita se me acerca riendo y me dice algo que no entiendo, y lo repite, toda empapada, y entonces se acerca aún más y está borracha y huele a mierda y tiene el rostro deformado por el vicio y me pide dinero seguramente para fumar crack en el mismo soportal donde estaba yo esperando con mis viejas nuevas botas que ya no duelen tanto.

UNO

El taxi da una vuelta tremenda, pero no digo nada. Llueve demasiado como para andar discutiendo. Llego a casa. Me caliento algo de la cena de antes. Me quito las botas que guardo en el armario, claro; después de haber visto a la yonkie tenía que guardar las botas en el armario, y no discutir en el taxi, y esforzarme por que las botas se terminen adaptando. Aunque yo también me tenga que adaptar a las botas y tener treinta años. Y aún así, fatalidad, Juan Ramón dijo que al principio fue el Destino, y que luego vino, mucho después, el Verbo, sudoku de sombras:

LLUVIA

Cuando el cielo se desploma
todo se cubre de espejos,
las nubes te besan los pies,
bailas con rostro de ángel,
la lluvia aparenta puñales
y en tu boca el agua son labios.
Entonces
busco cobijo y me odio,
me odio odiando tan ínfimo;
porque carne soy y desánimo,
y espero un coche llegar
como una burbuja de muerte.
Bajo un portal espero mirando
el reloj
siendo tú toda agua y espíritu
entre la sombra de asfalto y los dioses,
siendo tú todo así como un pez
cuando el cielo se desploma
y todo se cubre de espejos
y las nubes te besan los pies
y tu rostro se llena de ángeles
Tan hombre y tan viejo yo sigo
todavía y siempre esperando,
tan preso acabado juzgándolo
todo estulto, incapaz, y miro
el reloj
mientras tú bailas salud la belleza
y el cielo replica mi sombra
con un tronar retraer de la urna
y tú bailas, me invitas, desdeño,
llega presta la muerte y mi rostro
no es ya nada en el charco
no es ya nada en el charco
no es nada en el
simple charco con las colillas desmenuzadas,
los papeles borrachos,
y tu tinta tu huella ya plana blanca se ha ido
y siempre lloro por dentro
el reloj



UNO

En fin. Una de las cosas que dije antes es casi lo que soñé. Me refiero al tema del tiempo. Y esto llevado a la novela me avergüenza a la par que me provoca un cachondeo tremendo. Porque, claro, vivimos en el mito del progreso. Todos vivimos adelante. Y muchos escritores intentan ser el rompedor, el que de repente cambia el paradigma de la manera occidental de ver el mundo. Se suele decir que el poeta escribe por gracia, por revelación. Y no lo niego. Ha habido algún poeta que lo parecía. Pero la verdad es que pienso que todo poeta más que por revelación actúa por pedantería, porque habla de lo que no conoce. Así que entraré, no al trapo, porque eso es muy taurino, y muy bárbaro. Entraré como en el vagón del metro un día que llegas tarde a una cita ineludible, que me parece más universal y así voy haciendo mis pinitos, (o mis muebles de Ikea), en el mundo inevitable de la literatura chapuza. Y, por cierto, que no volveré a hablar de las viejas nuevas botas.

UNO


A mí lo que me maravilla de esto que nos traemos entre manos es que ahora puedo estar en la Plaza Mayor mirando culos y palomas.